Empezó el verano. Para mi empezó el verano. Podrán decirme que el verano comienza en alguna fecha determinada, que hoy no recuerdo. Pero para mí, empezó el verano. Mis parámetros para determinar el inicio de la última estación de un año y la primera del otro, se basan en la vestimenta de las mujeres.
En el tren, en el colectivo, en el subte.
Cuando una o varias mujeres comienzan a utilizar vestidos para ir a trabajar, es porque empezó el verano. Eso me indigna, me despierta impotencia la imposibilidad de rozarlas, tocarlas, acariciarlas o simplemente, preguntarles, siendo precavido y cautos, si les molestaría que me masturbara pensando en ellas, en la soledad de mi casa.
A veces me imagino que el filtro se me suelta, se rompe estallando en pedazos pequeños en el piso, dando inicio a la diversión, a lo prohibido, a lo inevitable.
El otro día, un jueves de mierda, viajaba en el subte una morocha que llevaba un vestido negro, escotado. Muy puta la mina, se notaba que su promiscuidad podría transformarse en exclusividad eterna para un caballero adinerado; pero merza, como ella. Tenía tantas ganas de tocarla, de acercarme. Mi plan no era improvisado.
Voy a acercarme de a poco, trepándome de los pasamanos, eludiendo pasajeros, embistiendo a algunos otros, para llegar a ella, mientras mira por los ventanas de la puerta del subte. Voy a esperar a que el subte se detenga. Voy a pasar mi mano derecha por su cintura, comenzando por la espalda, hasta llegar a su panza. Mis dedos comenzaran a sentir los bordes de su ropa interior. Ella va a quedarse quieta, por que el miedo la paraliza. Nadie comprende nada en el vagón, piensan que nos conocemos desde hace años o que tal vez, éramos compañeros de la secundaria.
Con la otra mano, voy a agarrar el costado de su cintura, que me servirá de sostén para poder acercar mi bragueta a su culo. Comenzara a sentir cuales son mis intenciones. A partir de ese momento, voy a hablarle lento al oído, en voz baja. Ella busca eso, acepta eso; estas estrategias de seducción baratas para minas como ella funcionan. La mano que sentía los bordes de su ropa interior, comenzara a subir y a recorrer, lentamente y como parte de todo el trance, sus maravillosas tetas naturales, hasta que alguno de mis dedos se encuentre con un pezón hinchado, macizo y erecto.
Podrían ocurrir dos cosas: ella podría frotar su culo en mi bragueta y aceptar el pacto, ese contrato tácito que iniciamos juntos cuando mi mano toco por primera vez su cuerpo o, en el peor de los casos, podría aniquilarme el alma con un cachetazo y un grito que se confundiría con el sonido del subte cuando se detiene en las estaciones. Podrían ocurrir muchas cosas, pero no paso nada.
Me quede estático en mi lugar. Jamás podría acercarme a ella en esa situación. Tampoco podría hacerlo en otras, ya que carezco de vida social y mis encuentros sexuales son con prostitutas, que jamás me dirán que no.
Eso pasa en el verano, que para mi ya empezó. Me ratoneo en lugares impensados, comienzo con la masturbación compulsiva y gasto dinero a cambio de sexo, o de compañía.
Para mí, ya empezó el verano. Esas son mis vacaciones.